Hay prendas que regresan cíclicamente a la moda con una energía distinta cada vez. El pijama es una de ellas. No el pijama literal de franela que guardas para una noche de invierno, sino esa estética sleepwear que convierte lo íntimo en urbano, lo doméstico en aspiracional, lo cómodo en deliberadamente elegante.
Esta temporada la tendencia es innegable. Y tiene mucho más fondo del que parece.
Una historia que empieza mucho antes de las pasarelas
Para entender por qué el pijama sigue volviendo, ayuda saber de dónde viene. Su origen está en el Imperio Otomano, en torno al siglo XV, con unas prendas holgadas de pantalón y camisa que en Persia ya llamaban «pae-jama», que significa literalmente «ropa para cubrir la pierna». En la India, Pakistán e Irán, esta ropa fluida y cómoda formaba parte de la vida cotidiana, no solo del descanso.
Fueron los británicos quienes, a través de sus colonias, descubrieron esta prenda y la trajeron a Occidente en el siglo XVII como una pieza exótica, casi de lujo. Los aristócratas que viajaban a Oriente volvían con pijamas de seda y se hacían retratar con ellos. El conde de Denbigh posó en 1631 ante el pincel de Anthony van Dyck vestido con atuendo oriental, en lo que es uno de los primeros registros visuales de esta prenda en Europa.
A finales del siglo XIX, la producción en masa hizo el pijama accesible. Pero la gran revolución llegó en los años veinte, y tiene un nombre propio.

Coco Chanel y el momento en que el pijama cambió de conversación
Mientras los hombres ya dormían en pijama, las mujeres seguían con el camisón. Fue Coco Chanel quien, con su instinto para destruir restricciones sin hacer ruido, puso el pijama en sus desfiles y lo convirtió en una declaración. Usó el pantalón amplio y la camisa holgada como argumento contra el corsé, como símbolo de que la mujer podía vestir con comodidad y seguir siendo completamente femenina, completamente elegante.
El cine de Hollywood lo consagró después. Actores y actrices con pijamas de satén y encaje en pantalla normalizaron una prenda que hasta entonces era casi escandalosa para las mujeres.
Por qué vuelve ahora, y cómo lo hace
La tendencia que estamos viendo en 2026 no es la primera vez que regresa, pero sí tiene una madurez distinta. Ya no se trata de llevar literalmente el pijama de casa a la calle. Se trata de una estética deliberada: tejidos satinados, siluetas fluidas, estampados de inspiración nocturna, prendas que juegan con el lenguaje de lo íntimo para construir looks muy calculados.
En las pasarelas, la lectura ha sido precisa. En Rabanne, Gigi Hadid combinó una camisa pijamera con capas y tacones, elevando el concepto de layering. Simone Rocha apostó por vestidos lenceros con su habitual aire romántico. Fendi propuso abrigos de estética bata para un dramatismo sin esfuerzo. Dolce & Gabbana y Rabanne confirmaron la tendencia en sus colecciones primavera-verano 2026.
Esta corriente tiene incluso nombre: «pijamacore» o «day-jamas». Y su gran virtud es que funciona precisamente porque no parece un disfraz. Cuando está bien ejecutado, nadie piensa «lleva el pijama puesto». Piensan «qué bien tiene el estilo».

Las claves para llevarlo bien
El pijama en versión street style funciona por contraste. La prenda suave y fluida necesita un contrapeso que la ancle en el mundo exterior.
Algunas fórmulas que funcionan muy bien:
Pantalón satinado + blazer estructurado + tacón fino. El combo más versátil y elegante. El satén pide volumen en la parte de arriba, el blazer lo da, y el tacón fino cierra el look con esa nota de intención.
Conjunto de seda + trench coat. Para quienes prefieren la coherencia del conjunto, un trench encima lo transforma completamente. Queda absolutamente editorial.
Vestido lencero + botas altas o stilettos. La referencia favorita de los años noventa, que sigue siendo una de las fórmulas más poderosas. El contraste entre la delicadeza del vestido y la firmeza de la bota es irresistible.
Camisa pijamera abierta sobre camiseta básica. Más casual, más urbana. Para quienes quieren probar la tendencia con menos riesgo.
La clave en todos los casos: el beauty look tiene que estar cuidado. Cuando el cuerpo lleva algo fluido, el rostro necesita intención.
Lista de compra curada

Zara – Mango – H&M – Pull&Bear – Lefties –Parfois

Jaki – Sezane – CH Carolina Herrera – Réformation
Una selección pensada para llevar la tendencia con criterio, desde opciones accesibles hasta piezas de inversión.
Las prendas clave:
— Pantalón satinado en tono champán o malva. Zara y Mango tienen temporada tras temporada versiones muy bien resueltas. Son el punto de entrada más fácil a esta tendencia.
— Conjunto de dos piezas en seda o satén con estampado discreto. Rayas finas, lunares pequeños, geométrico sutil. H&M tiene opciones con muy buena relación calidad-precio. Para una inversión, Intimissimi ofrece versiones en seda real que duran años.
— Camisa pijamera lisa en tono neutro. Blanco roto, azul marino, negro . Solo o en capas. Es la pieza más versátil de la tendencia.
— Vestido lencero midi. En slip dress o con tirantes finos. Mejor en tonos neutros o con estampado floral muy delicado. Reformation tiene opciones que encajan perfectamente con la estética de Perlas y Coco.
— Bata larga para el hogar con caída elegante. No todo tiene que salir a la calle. Una bata bien hecha, en seda o crepé, es uno de los pequeños lujos más subestimados que existen.
Los complementos que marcan la diferencia:
— Tacón fino o kitten heel en nude o negro. — Bolso de mano estructurado (el contraste con lo fluido es perfecto). — Joyería mínima y precisa: nada que compita con la prenda. — Trench coat en camel o beige como capa exterior.
Una reflexión final
Lo que me gusta de esta tendencia, más allá de la estética, es lo que dice sobre la moda de este momento. Hay un cansancio real con la ropa que aprieta, que exige, que no permite descansar. Y el pijama como referente no es una rendición al descuido: es una reivindicación de que la elegancia puede convivir con la comodidad, que una puede estar bien vestida y a la vez completamente a gusto en su propio cuerpo.
Coco Chanel lo entendió hace cien años. Las pasarelas de 2025 lo confirman de nuevo.
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